| 000 | nam a22 a 4500 | ||
|---|---|---|---|
| 999 |
_c123047 _d123451 |
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| 001 | 123047 | ||
| 003 | ES-MaFOS | ||
| 005 | 20220716002320.0 | ||
| 007 | ta | ||
| 008 | 191219s2012 sp e|| 000 f|spa c | ||
| 017 | _aCC 528-2012 | ||
| 020 | _a978-84-92865-64-2 | ||
| 040 | _aRABEL | ||
| 080 | _a811.134.2-3"19" | ||
| 100 | 1 |
_aHawthorne, Nathaniel _928701 |
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| 245 | 1 | 3 |
_aEl espantapajaros / _cNathaniel Hawthorne ; traduccion y postfacio de Juan Sebastian Cardenas. |
| 250 | _a1ª ed. | ||
| 260 |
_aCaceres : _bPeriferica, _c2012. |
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| 300 |
_a70 p ; _c17 cm. |
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| 490 | 0 |
_aBiblioteca Portátil ; _v47 |
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| 520 | _aUna bruja. Un espantapájaros. Y una de esas historias a las que Orson Welles llamaba «inmortales» (y nunca mejor dicho en este caso).Nathaniel Hawthorne era experto en el «vaciado psicológico» de sus personajes, algo que aproxima su literatura, sin duda, a algunos de los escritores modernos más radicales, como sus grandes admiradores Melville, Kafka y Beckett.El otro elemento que hace de Hawthorne un contemporáneo nuestro es, por extraño que parezca, su debilidad por la alegoría: un umbral entre tiempos, una suerte de mecanismo que se afana por traer de vuelta un pasado condenado a la desaparición y al olvido.El espantapájaros ocupa un lugar muy particular en la obra de Hawthorne. Se trata de una de las piezas mejor logradas de toda su producción. Y lo es precisamente por el rigor con el que asume, y al cabo exaspera, sus premisas alegóricas: he aquí, ante el lector del siglo XXI, una estupenda vanitas, ese extraño género de bodegón alegórico, tan popular en el Barroco, que juntaba en el cuadro objetos inanimados y efímeros con el fin de aleccionar al espectador sobre la fugacidad de la vida y la banalidad de los placeres mundanos. Pocos relatos encierran tan fértiles contradicciones como éste. Pocos hay tan sugerentes. | ||
| 650 | 4 |
_aNovela _97403 |
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| 700 | 1 |
_aCardenas, Juan Sebastian _995215 _etrad. y postf. |
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| 942 |
_2udc _cLBA |
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